Ya casi todos sabemos que fue el escritor Marc Prensky quien acuñó la tan recurrida expresión de “nativos digitales”, haciendo referencia a los niños y niñas nacidos en la era de la tecnología, las comunicaciones e internet. Lo que no nos contó Marc fueron las consecuencias de haber nacido en esta época, al menos las negativas. Si tus hijos ya han sufrido alguna de ellas, hoy te presentaré una herramienta para conseguir mejorar su vida: “el mindfulness”.

 Qué significa mindfulness

El término “mindfulness” se puede traducir por atención plena, algo de lo cual lamentablemente carecemos en gran medida en nuestros días. Practicar mindfulness consiste en ser verdaderamente conscientes del momento que estamos viviendo en todos sus aspectos, para así no dejar pasar la vida sin realmente “vivirla”. Es una técnica que procede de la tradición budista, pero que en la actualidad se practica más en occidente que en oriente. Fue el profesor de medicina Jon Kabat-Zinn quien hace unos diez años introdujo este movimiento en el mundo occidental.

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¿Es mindfulness lo mismo que meditación, relajación, yoga?

Confundir mindfulness con meditación, relajación u otras prácticas de la misma índole, es un error muy común. Esto se debe a que a través del mindfulness también se practica la meditación, y ciertamente uno se encuentra verdaderamente más relajado, pero esos no son los objetivos que persigue el mindfulness. Las metas de esta práctica consisten en hacernos conscientes del presente, del ya, del momento que estamos viviendo. Y saborear lentamente las sensaciones, los pensamientos y las emociones que nos invaden.

Por qué necesitamos practicar mindfulness

La mayoría de las veces hacemos cosas de las que no somos ni siquiera conscientes. Seguro que llevas 10 minutos conduciendo y no puedes darme ningún detalle de por dónde has pasado. Coges las llaves del coche, el bolso, sales de casa, y te preguntas si has cogido las llaves del coche que tienes en tu mano. Tomas la pastilla anticonceptiva, y a los tres minutos has de ir a comprobar si la has tomado o no.

Por eso técnicas como el “mindfulness” han irrumpido en nuestro mundo de manera tan exitosa, porque necesitamos detenernos, necesitamos relajarnos, y necesitamos ser conscientes de la vida que está pasando delante de nuestros ojos

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El mindfulness no hace otra cosa que ayudarnos a entrenar nuestro cerebro como si de un  músculo se tratase, tal como se refería a él el psicólogo Daniel Goleman. Un músculo que poco llevamos al “gimnasio”, pero que sí necesita de un entrenamiento constante. La neuroeducación nos ha enseñado que nuestro cerebro va modificándose y aprendiendo del entorno y  las experiencias, y tal como nos cuenta el doctor en psicología Andrés Martín Asuero, experto en mindfulness; “no envejece como los demás órganos”, por eso hemos de sacarle todo el jugo.

A quién se dirige el mindfulness

Es cierto que generalmente cuando hablamos de estrés, de fatiga, de falta de concentración, o de poca capacidad de retentiva solemos referirnos al mundo adulto, y a las nefastas consecuencias de este tren de vida tan vertiginoso en el que nos vemos envueltos. Pero ¿y la infancia?¿Acaso no sufren ellos nuestra fatiga, nuestra falta de paciencia al llegar a casa, nuestra falta de atención a sus pequeños gran detalles, nuestra ausente presencia? Lamentablemente, en la actualidad no solo lo sufren a través de nuestras actitudes, sino que están comenzando a sufrirlo en primera persona.

“Mi hija no sabe esperar ni cinco minutos”, en seguida se pone irascible si no obtiene lo que desea al minuto uno.”

“Mi hijo no es capaz de concentrarse ni el breve ratito que dura el cuento que le leo por la noche.”

“Nuestra pequeña se aburre de todo en seguida, no hay nada que llame su atención tanto como para que fije su atención un rato.”

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¿Os suenan estas situaciones?¿Habéis vivido escenas similares? Pues probablemente esto sí sea una consecuencia negativa de haber nacido en dicha era digital. Hoy en día el ritmo de inmediatez a la que nos vemos sometidos hace que lo queramos todo, y que lo queramos ya, ahora. Además, nos hemos autoimpuesto una capacidad de multitarea, de la cual incluso a veces presumimos, que para nada consigue una mayor productividad, pero sí una baja calidad en lo que estamos haciendo, debido al despiste y la falta de atención. Vamos como con el piloto automático puesto, y no apreciamos ni lo bueno de la vida, ni lo negativo o desventajoso de la misma, para decidir así no perder el tiempo en ello.

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Cómo podemos practicar mindfulness con nuestros hijos, hijas o alumnado

Existen numerosos ejercicios para ello.  Podemos practicar mindfulness a través de la respiración, de las sensaciones o de las emociones.

Pero antes de nada 3 claves importantes  a tener en cuenta:

1.Lo ideal es que antes de practicarlo con la infancia, hayamos entrenado nosotros primero. De esta manera nuestra experiencia les ayudará a sentirse mucho más confiados.

2. No podemos practicar 40 minutos de mindfulness con una niña de 4 años, vayamos poco a poco y siempre evaluando la respuesta del niño o niña para incrementar o reducir tiempo acorde a su edad y madurez.

3. Ha de ser un momento de disfrute, no una tarea más a realizar. No son “otros deberes”.

Ejercicios prácticos de mindfulness

Lo bueno de esta técnica es que no hace falta que estamos siempre en la “postura del loto”, a oscuras y con música zen. Lo podemos practicar de mil maneras diferentes:

  • Paseando: Podemos tomarnos 10 o 15 minutos para pasear por la naturaleza prestando especial atención a todas las sensaciones que nos rodean. No será un paseo deprisa y corriendo como habitualmente. No hay otro destino que disfrutar del momento, ver cómo el sol o la lluvia acarician tu cara, sentir el olor a tierra húmeda, observar cómo se mueven las hojas con el viento, escuchar como corre el agua por el riachuelo…
  • Dibujando: Las mandalas nos ayudan mucho a practicar el mindfulness. Porque dibujaremos y pintaremos con cariño, despacio, prestando atención a cada pequeño detalle del dibujo. No importa si no lo acaban, no es otra tarea a evaluar. Han de disfrutarlo. Si solo lo hacen durante 3 minutos, no pasa nada. Poco a poco, ellos mismos irán incrementando el tiempo al poseer una mayor capacidad de concentración.
  • Comiendo: El juego de la pasa. Este ejercicio se puede hacer con una pasa o con cualquier otra fruta o alimento. Se ha elegido una pasa por su juego de texturas. Consiste en coger una pasa entre las manos e ir recorriendo poco a poco cada entresijo de la misma, siempre muy lentamente. A continuación se huele, se prueba, se saborea… Todo de manera muy consciente, haciendo uso de cada uno de los sentidos.
  • Escuchando: El juego de los sonidos. Para este podemos usar un cuenco tibetano. Lo haremos sonar y les diremos a los peques que levanten la mano cuando dejan de apreciar el sonido. Ese tiempo de silencio y de atención les irá ayudando a mejorar su concentración.
  • Respirando: Enseñarles a inhalar y exhalar lentamente también les ayudará a relajarse, siendo conscientes de cómo el aire pasa llega a las diferentes partes de su cuerpo.

Os dejo un vídeo sobre otro ejercicio, el del frasco de purpurina para trabajar la relajación.

Existen muchas otras maneras de practicar el mindfulness, vosotros podéis crear la vuestra propia, pero la idea principal siempre es ser consciente de cada detalle de aquello que estáis haciendo. Así la vida sabe mucho mejor, os lo aseguro.

¿No estáis deseando comenzar ya? No dejéis de comentar vuestras experiencias al respecto.

 

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