En principio, esto no debería tener ningún sentido, algo que ya comentamos en nuestro post sobre inteligencia emocional y género. Si yo como mujer frunzo el ceño al igual que mi marido en una reunión de trabajo, mostrando interés o seriedad quizás, ¿por qué en mi caso se entiende como que soy una mujer fría, sin sentimientos, con aires de superioridad?¿Por qué en su caso muestra interés, liderazgo potente y profesionalidad?

¿Nos expresamos de diferente manera o bien se nos entiende de diferente manera?

La experta en psicología y neurociencia cognitiva Lisa Feldman Barret afirma que entendemos las expresiones faciales de manera diferente si vienen de una mujer o de un hombre, aunque estas sean exactamente las mismas. Una de sus investigaciones llevadas a cabo en este campo y tituladas “She’s emotional. He’s just having a bad day” demostró cómo las personas asociaban las expresiones emocionales de una mujer con algo inherente a su persona, mientras que las mismas expresiones emocionales en un hombre se relacionaban con situaciones externas.

expresiones, emociones, hombres y mujeres, géneroGhetty Images

Para corroborar dichos resultados Lisa y su equipo procedieron a realizar una segunda investigación en la cual a través de un programa informático mostraban las emociones con caras muy andróginas, a las cuales únicamente añadían una gran cabellera o bien pelo corto. Misma expresión en la misma cara pero con pelo largo, queriendo indicar que era una mujer, correspondían de nuevo a emociones del sujeto, mientras que en los que creían que eran hombres las emociones se volvían a relacionar con algún detalle situacional.

Hoy en día este sexismo sutil e inconsciente recorre todo el panorama político, profesional, y personal. Una mujer líder, firme, con poder de decisión, con un lenguaje corporal muy asertivo y con mando, es una mandona, por decirlo sutilmente. Sin embargo, un hombre con las mismas características es un gran empresario, líder, político…

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Pero este absurdo sexismo emocional no solo afecta a las mujeres. Aquellos hombres que desempeñan algún trabajo o labor considerada como femenina por la sociedad en la cual tendrán que ser quizás más dulces, expresivos, comprensivos y delicados serán calificados como “maricas o gays”, sin que esta palabra además, aluda directamente a su sexualidad. Y como siempre repetimos,

los estereotipos de género, en este caso estereotipos emocionales, son negativos para toda la sociedad

 La cara de “bruja” de Hilary Clinton

Como en muchos casos cuando es la mujer la que regenta o aspira a regentar cierto poder, una cara seria o no “demasiado dulce y emocional” se lee como una personalidad fría, con demasiado genio o incluso altiva. Esto es exactamente lo que el señor Donald Trump y sus secuaces echan en cara a la señora Hilton, su “angry face“. A lo cual Clinton ha respondido en determinadas ocasiones, que lo que ellos llaman “carácter” es precisamente lo que hace falta para gobernar un país.

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Por todo esto, la próxima vez que juzgues a una persona, especialmente si esta es mujer (debido a toda la construcción negativa y arraigada que existe respecto a este sexo en concreto), detente a pensar si tus reflexiones son auténticas, o si no son más que otro pensamiento bañado por tantos y tantos años de desigualdad en cuanto al género.

Tal vez, y solo tal vez, si comenzásemos a cuestionarnos sobre todas estas creencias con nuestros peques, el mundo iría mucho mejor.

 

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1 Comentario

  • Publicado hace 9 Octubre, 2016

    Mamá arcoíris

    Para mí el ejemplo más claro de esto que comentas es el tema de la menstruación. Me explico, siendo mujer, cuantas veces, al dar una respuesta seca o quejarnos de algo que nos molesta hemos oído es frase de: que pasa, que estas con la regla? Para mí es una forma clara de desautorizar tu enfado porque eres mujer y menstrúas así que si algo te sienta mal, no es porque esté mal sino porque tu estas hormonada y no lo puedes ver claro (aunque puede que ni siquiera estes en ese momento de tu ciclo).

    Por cierto, el sexo masculino también tiene cambios hormonales que hacen fluctuar su caracter y, a diferencia de los femeninos, no son predecibles.

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